martes, 20 de mayo de 2008

DEBAJO DE LA ORACION…

Emociones de un costalero y sevillano bajo las trabajaderas de nuestra Oración.


Por Conrado Mohedano Ferrer

Costalero de la Oración


Me es grato…, un recuerdo…, de esos que nunca olvidas. Recuerdos de mi infancia que siempre se quedarán grabados en mi memoria…, la llegada del Domingo de Ramos a mi casa… Era día de prisas en la mañana, el sol relucía de diferente manera en el Barrio de Santa Aurelia, mas allá del barrio de Nervión. Una vez todo listo nos íbamos a verla, ¡a Ella!, ¡a Ella!, escondida en una pequeña calle, cuyo nombre todo lo dice…: Pureza. No había rayos de sol mas grandes…, eran columnas de bendita luz las que iluminaban aquella capilla…, al otro lado del Guadalquivir…, y aquí empezó todo.


Pero ahora, nos trasladamos a la actualidad, en esta agradecida ciudad, y todo empieza cuando un año decidí quedarme en Almería para disfrutar de la Semana Santa. Fue entonces…, un Miércoles Santo que me quedé en la Catedral. Esa noche en la que vi aproximarse un Olivo con el Señor en Oración y un Ángel caído del cielo clavado entre olivos. Un Ángel hablando con el Señor, y el Señor que hacía una plegaria de la que sudaría sangre. Para mi era imposible contenerme…, y me dije que algún día sería costalero de la Oración.


Efectivamente la casualidad me trajo a esta Hermandad y a su trabajadera. Fue entonces cuando conocí a esta cuadrilla de costaleros, la igualá, y la ilusión…, las noches de ensayo; las calles vacías con un solo sonido, el de nuestras zapatillas rozando el pavimento de las calles de Almería, pero había algo en el ambiente que no entendía, me confundía, me dejaba sin sentido…, estaba algo desorientado, quizás porque me esperaba la calle Almansa, Sierpes, Zaragoza, la Giralda en lo mas alto vigilante, no sé, era una sensación extraña pero a las vez agradable, le pedía a Dios que no se fuera…, que siguiera conmigo, y así lo hizo.


Momentos para mi entrañables fueron la mudá a la Catedral…, ese silencio, esa cuadrilla dándole respeto a ese momento…, y otra vez esa sensación extraña que me recorría todo el cuerpo, y los pelos de punta. Y cuando “El Negro” tocaba el martillo la Catedral retumbaba, parecía que estaba llamando a las “Puertas del Cielo” acompañadas con el crujir de la trabajadera en el interior del templo, con el racheo de zapatillas, y ese “¡pararse ahí!”…, y los zancos al suelo…

Me sentía vivo y a la vez arrepentido de haber desperdiciado esos años en Almería sin poder vivir, sin poder sentir, todo lo que estaba pasando a mi alrededor…Y llegó el gran día, nervios desde por la mañana, la lluvia hace su aparición, hay tensión en mi y en mis compañeros de la cuadrilla…, pero no…, al fin el sol…, esos rayos de sol…, mandados por alguien de la calle Pureza, que hacen que nos recorra la alegría por nuestros corazones, porque la Oración va a salir, como siempre lo hace de frente y con sentimiento…


Y es ahora cuando empiezo a entender esa sensación extraña… Estoy debajo, luchando con mi trabajadera, cuando nos aproximamos al dintel de la puerta de la Catedral. Es tan grande esa sensación…, que…, al corriente de la quinta trabajadera la emoción le embriaga…, lágrimas poderosas, y la luz entrando por entre los respiraderos ..., ¡y ahora lo comprendo todo!!, ¡esa luz!, ¡ese olor! … Se despejan mis dudas, sudor, el quejío del costalero, y…, la causante de todo…, la brisa marina mezclada con el incienso, canela profunda…, que me encoje el alma de un profundo orgullo, de vivir en esta ciudad,…y de ser costalero de la Oración de Almería… He dicho.

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